“Tanto manipulador como manipulado comparten debilidad, ambos tienen baja autoestima”

Durante mucho tiempo, el hombre que dices amar y que, probablemente, afirma que te ama, te maltrata. El maltrato, a veces, no se expresa en violencia física, los hay de distintas especies y el más imperceptible, pero no por ello menos nocivo, es el psicológico.

¿Has notado cierta indiferencia o un dejo de desprecio en sus palabras?, ¿te has visto corriendo para llegar a cumplir con sus expectativas sin siquiera preguntarte si estás haciendo lo que quieres?, ¿alguna vez hizo algo que, en verdad, no fuera solo por su propia conveniencia?

Tú decides cuando detenerlo…

El manipulador te hace pensar que tu vida entera es de él y que, en definitiva, sos de él. Claro que tú serías de su propiedad, pero él siempre es libre. Entonces, verás que es muy capaz de engañarte con otras personas y de celarte al mismo tiempo. Sus condicionamientos solo aplican para ti, él no se rige por nadie.

Esta clase de seres tienen dos armas muy poderosas: una de ellas es el encanto, saben exactamente qué decir, cómo y cuándo decirlo; la otra, es la de culpabilizar a su víctima. Y en este punto es muy importante detenerse porque tanto manipulador como manipulado comparten una debilidad: ambos tienen baja autoestima.

La diferencia que existe entre ellos es que quien domina a otro enmascara ese bajo afecto por sí mismo en un narcisismo extremo, pero necesita desvalorizar a los demás para alimentarlo. Por el contrario, quien es dominado asume una actitud culposa y complaciente porque la valorización de su persona está puesta en el exterior, en la mirada ajena.

El manipulador se disfraza, jamás muestra su cara real, de hecho es muy probable que tengas la sensación de que tiene muchas personalidades: puede pasar del amoroso y romántico al violento verbal, de la víctima al controlador. Todo ello en breves espacios de tiempo, porque se encuentra en la búsqueda constante de dominación, así fluctúa sus actitudes para encontrar tu punto débil.

Otro indicio importante es la relación que tiene con la mentira. Todo manipulador es mentiroso, miente para eludir sus responsabilidades, miente para culpabilizar y porque necesita demostrar que es la persona que quisiera ser, pero que no puede: así se inventa una fachada. Es muy probable que reproche y critique, abiertamente, a otras personas, sobre actitudes que tiene o ha tenido él mismo.

Deja de ser una victima y decide dar el paso a tu crecimiento.

Cuando la víctima logra tomar consciencia de esos engaños y el manipulador es enfrentado, se violenta, extrema toda su energía en dar vuelta las situaciones para desestabilizar al otro, al punto de negar de forma expresa lo que es evidente. Su cinismo es inconmensurable y hasta es quien, finalmente, se ofende.

Si algunas de estas palabras son el espejo de tu vida actual, querida amiga,
reconocer que sos parte de una relación enferma sería el primer paso, también, comprender que solo tú puedes hacer el cambio para neutralizarla.

El segundo paso es comenzar a trabajar sobre tu amor propio, saber que a la primera persona que debes amar es a ti.

En este sentido, si has trabajado sobre tu afecto personal y lograste verte, de
forma sincera y despojada de la mirada de tu manipulador, sabrás que sos capaz de hacerlo todo para cambiar tu vida y para, por fin, ser libre de condicionamientos externos.

El único camino para ser feliz es que te reencuentres con tu identidad, que, ahora, está contaminada.

Seguramente, cuando decidas alejarte, podrás ver que el manipulador hará todo lo imposible por recuperarte, tomando distancia, será la única forma de conocerlo.

Verás los cambios de personalidad que hará de forma desesperada, pero no por amor, solo son los espasmos que le genera la pérdida de control.

Eso sí, puedo confirmarte que cuando te encuentres sola, sin todo ese entramado de dolor, te vas a sentir más libre que nunca, más concentrada en lo que quieras hacer. Estarás liviana, igual que un barco sin amarras que, aunque parezca perdido, ahora puede hallar en su rumbo el destino hacia la felicidad.

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