Ser mujer, migrante y latina, es ser: poderosa y resiliente

Todos somos producto del conocimiento y este se manifiesta por medio de nuestras costumbres y pautas de conducta y la mayoría de ocasiones está condicionado a partir del entorno en que nacimos, es cierto que éstas pueden transformarse con el pasar del tiempo y las generaciones pero también están sujetas a un espacio en el que se pueden realizar.

Sumergida en una sociedad a la que muchos llamarían surrealista no me di cuenta qué tan arraigadas tenía mis costumbres, a decir verdad me considero una persona callada y un poco fuera de lo común por no ser efusiva en este tipo de cuestiones pero orgullosa de sus raíces. No fue hasta que viví por largo tiempo en diferentes lugares del mundo  que me dí cuenta del valor de tales costumbres y lo mucho que me gustan, pero lo más importante es lo que mucha gente en una condición similar a la mía (migrante),  está dispuesta a hacer por conservarlas y rendirles tributo de la major manera posible.

En el caso de una mujer migrante las costumbres suelen ser muy particulares, hago icapie en ellas porque en mi cultura, como en muchas otras, somos quien llevamos la batuta a lo que corresponde al arreglo del hogar y festividades. Uno de los ejemplos más notables es la manera de celebrar los días conmemorativos, la búsqueda de los objetos empleados en dichas celebraciones, por ejemplo los condimentos para la comida típica, porque siempre hay una comida representativa para dicha fecha, hasta los atuendos son una búsqueda exaustiva de meses. Recorremos la ciudad de extremo a extremo para buscar esa típica “tienda mexicana” con el fin de encontrar los ingredientes para, una vez que los encontremos, adquirirlos a precios exorbitantes, hasta 3 veces lo que se pagaría en México. 

Algo que he aprendido en estos días conmemorativos es que no importa en donde estemos, saldremos con atuendos extravagantes anunciando por las calles la llegada de ese día especial, haremos partícipes a gente extraña a nuestras raíces pero llenos de curiosidad, les pintaremos la cara, tal vez un sombrero un bigote y así terminamos con una mezcla extraña de <<Zapata albino>>.

Por mucho que intentemos ocultarlo lo latino se te nota, eres la única hablando a todo volumen en el bus…

Las mexicanas llevamos el escándalo en la sangre, así es, por mucho que intentemos ocultarlo lo latino se te nota, eres la única hablando a todo volumen en el bus, peor aún la conversación gira entorno al último depósito, como esta el pariente enfermo o la ultima compra de los animales. Si todavía te quedaba duda de su nacionalidad puedes tomar en cuenta el outfit, ¿lleva producto artesanal? ya sea mochila o blusa bordada, llavero de chaquiras, huarache y calcetín, ropa en chulada con priedrería.

Ser latina es ser poder.

En otra de mis aventuras extranjeras fui a visitar a unos conocidos y como buen turista  me perdí, sin ninguna referencia en especial porque ahí no existen  casas de colores, mucho menos tiendas en la esquina y mi entrañable amigo, Google maps, no fue de mucha utilidad ya que daba saltos de ubicación en la pantalla que me hacían dar cambios bruscos de dirección 3 cuadras después, en fin; el primer consejo es, sigue tus sentidos, el olor a la comida te guiará pero la mejor pista es dirigirse hacia la música de banda y los gritos de la gente si buscas una casa de latinos.

Pero lo básico que cualquier extranjero debe saber en hogar mexicano es: no te sientes en el lugar del jefe de la casa.

Cuando nos metemos en los espacios más cotidianos las costumbres se vuelven aún más exuberantes, la exclusividad de los utensilios de cocina daría para redactar un libro, ¡y tal vez ya se haya hecho! pero lo básico que cualquier extranjero debe saber en hogar mexicano es: no te sientes en el lugar del jefe de la casa. La licuadora, el microondas y el excusado probablemente hayan pasado por capítulo de “no te lo pongas” y no entendieron el concepto, el picante no va a faltar así que pide un vaso de leche y  por ultimo pero no menos importante, los burritos y taco bell no cuentan como comida mexicana.

Ni hablar de la limpieza porque los pisos nunca quedarán igual de limpios que con las jergas, en muchas partes del mundo imposibles de conseguir y consideradas artesanías o reliquia familiar porque la trajo el pariente desde el lejano mundo.

Conservar y realizar estas actividades nos resultan reconfortantes, nos recuerdan nuestros orígenes. 

Así es como llevamos las costumbres a un siguiente nivel, o mejor dicho a otro país y no dudo que esto mismo ocurra en otras culturas pero en maneras menos exóticas, conservar y realizar estas actividades nos resultan reconfortantes, nos recuerdan nuestros orígenes,  la casa de nuestra madre, los amigos que dejamos y el pasado que ya no nos pertenece. Es curioso que aunque regresemos nosotras nos sentiríamos como el Zapata albino, con nuevas costumbres adquiridas y una sociedad que siguió adelante sin nosotros.

Me gustaría agragar un ultimo punto a manera de conclusión y profunda reflexión: Mujer que lava los calzones en el baño lo seguirá haciendo aunque esté en París.

One Comment

  1. Avatar
    Eder Rubio

    Excelente visión combinado con la experiencia, logran apuntes muy acertados.

    Felicidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *