“Nos educaron para ser amas de casa y NO MUJERES”

“Escogiste la profesión más difícil de todas” decía una tía, y definitivamente, creo que tiene toda la razón. Y más aún en esta época en la que los roles en el hogar cambian y las necesidades personales ya no son las mimas que hace algunos años. Aunque las amas de casa seguimos siendo cocineras, maestras, enfermeras, organizadoras, administradoras, terapeutas, consejeras, nutriólogas, también somos mamás, esposas, hijas, hermanas, amigas, tías, abuelas y vecinas. Sin embargo, antes de ser todo eso, somos MUJERES. Sí, se nos olvida que somos mujeres. Es más me atrevo a decir que no se nos olvida, simplemente no nos enseñaron a ser mujeres, nos educaron para ser amas de casa y nada más.

Muchas de ustedes podrán decir que es mentira, que en pleno siglo 21 eso ya no es cierto, pero lo es, lastimosamente lo es. Basta con hablar por unos minutos con un ama de casa para notarlo. Como consultora de belleza mi trabajo es dar a conocer el producto por medio de faciales, los cuales duran de 20 a 30 minutos. Y cuando les ofrezco uno, completamente gratis, es sorprendente escuchar a las mujeres decir que no tienen tiempo, que no pueden porque deben hacer la comida, porque los hijos, porque la ropa, el quehacer, etc.

La realidad es que tenemos en la mente que nosotros no podemos destinar media hora para sentarnos y consentirnos un poco. O bien, cuando las invito a hacer ejercicio escucho los mismos enunciados. El trasfondo de todo esto es que tenemos la idea de que no somos merecedoras de un tiempo para nosotras solas porque entonces somos egoístas, malas madres y somos señaladas por descuidar al marido, por pasar tiempo fuera de casa cuando hay ropa que lavar y pisos que limpiar.

Si bien es cierto que se deben establecer rutinas y roles para que un hogar funcione adecuadamente, también lo es el hecho de que las mujeres tenemos más carga que los hombres. Pues mientras el hombre asume el rol de proveedor se le olvida el rol de ser padre que debe compartir tiempo con sus hijos. El de ser esposo, cuya labor es trabajar en conjunto con la esposa y brindarle el soporte necesario para seguir adelante ante las adversidades del día a día, y sin mencionar que olvida que el también debe contribuir a mantener la casa en orden y en buenas condiciones.

Pero lo anterior no es de asombrarse porque a nosotras se nos dijo todo lo que había que hacer; lo que era nuestra responsabilidad y que debíamos estar atentas para lograr tener un hogar en equilibrio. Pero nunca se nos dijo que en ese cuidar de los demás también debíamos cuidar de nosotros. No se nos dijo que también teníamos que protegernos, valorarnos y querernos. Aunque, es difícil que lo hicieran si nuestras madres también vienen de un hogar en donde así fueron educadas. 

La realidad de muchas mujeres que somos amas de casa es que nos perdemos en el camino. Olvidamos nuestra esencia. Y no es reproche, porque lo hacemos con amor y gustosas. Sin embargo, la verdad es que así sucede. Nos perdemos entre las responsabilidades, en educar a los hijos y mantener el hogar bien organizado; y, a la larga pesa un poco el hecho de haber abandonado los sueños y metas que tenías y sobretodo, pesa el hecho de haberte olvidado a ti misma. Pero cuando la vida te detiene de golpe y te recuerda todo aquello que una vez soñaste, te sacude y te despierta y te pregunta por aquello que una vez le contaste que querías conseguir; es ahí cuando volteas y ves que has hecho muchas cosas lindas y que has vivido experiencias hermosas en tu hogar pero que abandonaste tus metas. Te apartaste de tus objetivos, de tu propósito. Cuando la vida hizo eso conmigo, comprendí que efectivamente escogí la profesión más difícil porque a pesar de tener vidas bajo mi responsabilidad, yo debo ser siempre mi prioridad. Y en ser nuestra prioridad fallamos muchas.

Desmitificar la maternidad nos conviene a todas.

No quiero decir que sea lo peor ni lo mejor, pero ser ama de casa requiere de mucho compromiso para seguir cumpliendo con la encomienda de cuidar del hogar pero también para no abandonarnos, no dejarnos de lado y ser conscientes de nuestro valor. 

Ser ama de casa es una de las más gratificantes cosas que he hecho, mas debo reconocer que me perdí. Me perdí en los roles que conlleva y me olvidé de ser mujer. Cedí mis gustos, mis sonrisas, mis actividades favoritas, mis ganas de hacer cosas grandiosas, cedí mi tiempo pero la vida me ha dado una oportunidad de retomar mis proyectos, de ser mejor y de poder compartir esta misión con las demás, la misión de reconocer nuestro valor y reforzarlo en cada acción de nuestro vivir.

Todo esto lo podemos cambiar si nos reeducamos en significado de ser mujer, de saber cuál es nuestra misión, es nuestro deber educar a las nuevas generaciones para que vivan esta libertad e igualdad. Pero primero, nuestra generación las mujeres de hoy debemos encontrar nuestro balance, integrar nuestros roles en el ser mujer.

Creo que tenemos mucho que aprender y qué compartir con las demás mujeres que aún no tienen este beneficio de vivir en valores. Nuestra función es compartir nuestras experiencias y lo que hemos descubierto con el paso de los años para que las nuevas generaciones puedan vivir en la igualdad sin rebajarla a la desvalorización de su existencia. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *