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Los hombres también sueñan con el amor de una princesa

Así como  muchas mujeres crecimos buscando o esperando al príncipe azul, también hay hombres que buscan y esperan a una princesa de la cual puedan enamorarse y sentirme amados.

Las princesas como sabemos son  mujeres tiernas y dulces que pasaron a definir el concepto de lo que en sociedades, cuando no se debate con perspectiva de género, explica lo que es: femenino.

Reconocemos a esos colores rosados y claros como algo que define a “cosas de mujeres”.

Conocemos que una princesa es aquella mujer que está lista para entregar todo su amor hacia un príncipe.

A las princesas les gustan las flores, ríen dulcemente y caminan y se sientan con delicadeza, son románticas, pues aparte de peinar su cabello, dedican horas en pensar en ese príncipe que las eligió.

La realidad es que una mujer no es así.

Soy MUJER, no PRINCESA

Las mujeres también gritamos, decimos groserías, tenemos frustraciones, pasiones, nos enojan muchas cosas y nos volvemos locas de vez en cuando.

Las mujeres no venimos de torres en donde un dragón nos tuvo encarceladas, ni mucho menos de un rey que nos consentía y protegía de todo, tampoco venimos de una madre, reyna por supuesto,  amorosa, que enseña a su hija a ser discreta, bonita y a obedecer al rey, su padre.

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Las mujeres venimos de familias disfuncionales, de padres violentos, abusadores o ausentes. Las mujeres venimos de madres que vivieron más violencia de género que nosotras, y a su manera, resistieron y hoy intentan darnos un poco más de fortalezas.

Por lo tanto, por muy príncipe que se comporte nuestra pareja en los primeros meses, tarde o temprano brotará la realidad. Saldrá la mujer NO PERFECTA, de aquello que los primeros días vió que podía ser “su princesa”.

Desilución del principe

Se dice que en el enamoramiento, ambas personas involucradas en la relación muestran lo mejor de sí mismos y que cuando esta fase termina, es cuando al fin se notan esos “defectos” pero más que defectos hablamos de la realidad. De la rutina, de los problemas cotidianos y que no todos los días podemos ser esas princesas que se arreglaron para la cita, que sonrieron durante las 4 horas que duró la visita al restaurante, al parque, al museo… porque entre la escuela y el trabajo, los traumas y complejos que todo ser humano carga, no podemos ser mujeres amorosas todo el tiempo, pues estamos trabajando en nuestros propios problemas.

Decepcionados, de que esa mujer hoy tuvo un mal día y por eso no quiso ser tan sonriente como el fin de semana anterior o que esa mujer con uñas arregladas y brillos en las sombras de ojos, hoy no quiso ni pasarse un cepillo para desenredar su cabello, muchos hombres se preguntan ¿en dónde quedó esa princesa?

Algunos hombres, se compran el kit de creencias en donde si ellos cumplieron con su rol de príncipe, es decir, pagar las citas, respetar el cuerpo de una mujer y… ya, ahora lo mínimo que quieren, es que su princesa, se comporte como una. Que sea todo el tiempo dulce, amorosa y sonriente.

Pero ni ellos son príncipes, ni nosotras somos princesas.

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Ni principes, ni princesas

Cuando surgen los problemas, cuando surgen situaciones que no se vieron en el guión de la película romántica favorita, es cuando la decepción, comienza.  

Nadie es un ser humano ejemplar, y todos y todas estamos llenos de contradicciones y tolerar y negociar esos dilemas, también es parte de una relación madura y sobre todo, de consolidar un amor sano. OJO, esto viene con un LÍMITE escrito en color rojo. Pues la tolerancia a recibir ofensas, humillaciones o agresiones debe de ser de… CERO.

Pero verse en el espejo, ver que todos cometemos errores, ver que hay disposición en mejorar, es algo que merece trabajar por una misma y tal vez, por una relación.

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