CREADORAS,  Históricas

La venda sexy: uno de los centros de tortura sexual más horribles de la dictadura chilena.

El 4 de septiembre de 1970 hubo fiesta nacional en Chile: Salvador Allende, candidato por la Unidad Popular, ganaría las elecciones presidenciales; era su cuarto intento. Este triunfo alegró a muchos chilenos que salieron a las calles a contagiar su alegría mediante festejos y barullos. Un gobierno socialista pretendía ser instaurado y las ideas estaban sumamente fragmentadas, pues el descontento de la burguesía era evidente. Desde el triunfo de la Revolución cubana, los latinoamericanos comenzaron a ser un símbolo de lucha, la gente peleaba por sus derechos políticos y en contra de las injusticias arrasadoras que habían llevado a sus países a la precariedad. Enardecía el deseo por un cambio y Chile no fue la excepción. Ante este ambiente de gloria el Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, intentó sabotear la presidencia de Allende mediante la conspiración FUBELT, sin lograr su cometido, sin embargo, el Jefe del Ejército de Chile, René Schneider, sería asesinado durante estos intentos. Estaba claro que la extrema derecha no se limitaría. Pese a eso, Allende tomaría posesión para Presidente de la República de Chile en noviembre de ese mismo año.

Allende instauró un programa de alimentación que distribuía leche para los infantes, aumento del salario mínimo un 40 %, congeló los costos de la canasta básica, se nacionalizaron 40 empresas, nacionalizó el carbón, hierro y cobre y mejoró la reforma agraria; impulsó también el crecimiento económico de una manera hasta irreal. Todo esto molestó al conservadurismo estadounidense, que tenía invertidos millones en el cobre y telefonía chilena. Salvador era una amenaza. 

Chile unió lazos con Cuba, formando un vínculo con Fidel Castro. Mientras tanto la oposición sin quedarse con los brazos cruzados, continuaba tramando derrocar a Allende del poder. Nixon instauró un bloqueo económico a Chile, paralizando la ayuda social estadounidense, invitando a países aliados a hacer algo similar. Esto causó un desabasto de productos básicos que llevó a la Marcha de las cacerolas en diciembre de 1971, una protesta propiciada por la oposición y mujeres de clase alta. Otra artimaña de la clase alta fue patrocinar y financiar la huelga y paro nacional indefinido de camioneros. Estas y otras circunstancias amenazaban, con más fortaleza, el gobierno de Allende.

El 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende sería traicionado por hombres que consideraba inquebrantables, entre ellos estaba el jefe del ejército Augusto Pinochet. Esa mañana el Palacio de La Moneda se vio rodeado por el ejército, tanques y aviones del mismo. Entre balazos y bombardeos, Allende y los pocos hombres de confianza que le quedaban, resistieron pero, después de varias horas, se vieron acorralados. El Presidente dió su último discurso por teléfono a través de Radio Magallanes. Ese día Salvador Allende se suicidaría en su despacho con una ametralladora que le había obsequiado Fidel Castro. Más tarde, Ausgusto Pinochet se proclamaría Presidente, iniciando con una terrible dictadura que llevaría a la represión. Chile sería marcado por la muerte y brutalidad. 

Las últimas horas de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda (1973)


Uno de los actos de represión que se dieron durante la dictadura fueron los ya conocidos centros de detención y tortura, lugares donde eran llevados los presos políticos después de ser arrestados y de donde muchos jamás salieron, entre ellos el compositor y activista Víctor Jara que era una de las voces más valoradas de la canción chilena y que fue asesinado en el Estadio Chile días después del golpe de estado. Uno los centros más terroríficos y crueles fue La venda sexy o Discoteque, un lugar encaminado principalmente a la tortura sexual perpetuada por carabineros y por agentes de la DINA. Lejos de lo que podría parecer, estas torturas tan atroces se llevaron a cabo en una casa en medio de un barrio residencial de clase media. Este recinto funcionó de 1974 a 1975, tiempo en el cual desaparecieron alrededor de 119 personas, que los sobrevivientes de la Venda sexy apuntan haber visto ahí en condiciones atroces. 

El nombre ortorgado a este centro de tortura se debía a que las personas que allí iban a dar permanecían casi todo el tiempo con los ojos vendados y, cuando eran torturados o torturadas, siempre había música estrepitosa de fondo y a todo volumen, en donde los gritos de llanto y dolor se perdían. Las violaciones tanto a hombres como mujeres eran frecuentes; las mujeres que allí se encontraban —algunas ni siquiera habían alcanzado la mayoría de edad— se apoyaban en medio de toda esa cruel desesperación: compartían el mismo cepillo de dientes para conservar un poco su dignidad, y en algún momento se percataron que a los torturadores les ocasionaba asco la menstruación, entonces, para evitar ser violadas, se compartían los trapos o toallas sanitarias. Las humillaciones, golpes, corrientes eléctricas eran frecuentes, incluso había una enfermera que le inyectaba pentonal a sus víctimas.

Pero sin duda una de las torturas más horrendas las llevaba acabo Ingrid Olderock: la siniestra oficial de la DINA que entrenaba perros para violar a las presas, además capacitó al rededor de setenta mujeres para el mismo fin. A Olderock se le atribuyen actos como espionaje, tortura, violación y desapariciones. Nunca fue juzgada. La periodista Nancy Guzman, autora del libro Ingrid Olderock: la mujer de los perros, dice que “Ella fue parte importantísima de la DINA. Integró la peor de las brigadas: la Purén y en ella tuvo mando por sobre muchos agentes porque su grado era de capitana. Participó en torturas, diseñó la peor tortura que era vejar sexualmente a detenidas y detenidos con un perro. Participó en Operación Cóndor, en los entrenamientos que la CIA dio a las mujeres de la DINA en la Casa de Piedra, en el Cajón del Maipo; supo de la fabricación de gas sarín”. Casi todas las sobrevivientes de la Venda sexy han hablado sobre los abusos sexuales ahí vividos, específicamente por el perro pastor alemán de Ingrid llamado Volodia. Uno de los relatos más dolorosos son los de algunas de las víctimas que hablan de Marta Neira Muñoz, una presa política que fue torturada por Ingrid y que, moralmente destrozada y golpeada la vieron por última vez siendo llevada a un destino desconocido. Nunca se le volvió a saber de ella.

Marta Neira Muñoz promoviendo el uso de la pastilla anticonceptiva en la portada de la revista Ramona.

Actualmente los familiares de las víctimas de la dictadura siguen pidiendo justicia y es probable que nunca la tengan. Son rostros tras rostros que nunca se volvieron a ver, que sufrieron las consecuencias del fascismo, sumergidos en la crueldad política y enterrados y olvidados bajo una muerte sádica tan solo por sus ideas. Y los/las sobrevivientes no olvidan esa huella tan dolorosa que la dictadura, la Venda sexy y toda la sangre derramada en Chile les dejó.

Alexandra Corona Hernández

Amante de la literatura, música, cine y arte pictórico. Escritora de diversos artículos para revistas de índole feminista. Publicó el cuento de su autoría “Es que ya se fue”, en la antología “Literatura y afuera”, distribuida por el Centro de estudios filosóficos culturales de la ciudad de Puebla, México, que reúne diversos trabajos de escritores mexicanos, cubanos, colombianos y canadienses. Ha impartido talleres de análisis de literatura clásica y organizado grupos de lectura con la finalidad de promover el amor e interés por las letras. Actualmente se encuentra trabajando en su primera novela que será publicada en los próximos meses.

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