La onírica literatura surrealista de Leonora Carrington.

Generalmente conocemos a Leonora Carrington por sus impresionantes pinturas de lugares y paisajes con una fuerte tendencia onírica, una carga simbólica siempre petulante, que se ve acompañada dentro de una extraña fauna y mezcolanza de bestias extraordinarias y raras, animales, mujeres misteriosas que parecen taciturnas y como ausentes en medio de paletas de colores sombrías, opacas y llenas de orgánicos matices marrones de contraste medio, que parecen evocar siempre a la lejanía del misterio, que es la nostalgia, y que lleva consigo la realidad de nuestra existencia.  

Leonora Carrington (1917-2011) es una artista que vivió una vida compleja pues, para un espíritu rebelde como el de ella, los convencionalismos no resultaban nada llevaderos. Nacida en Inglaterra dentro de una familia de buena posición económica, su espíritu revoltoso contrastaba con el conservadurismo de la clase alta, que siempre rechazó y al final terminaría escapando de todo aquello, convirtiéndose en una Leonora relegada, excluida como las hienas, animales que le encantaban pues se identificaba fuertemente con ellos. Esto lo deja claro constantemente en sus obras, como en uno de sus cuadros más famoso: Self-Portrait (Inn of the Dawn Horse (1938), donde aparece la artista sentada con una melena rebelde y alborotada y a su lado una hiena, denotando su alter ego de fiera. Su surrealismo biográfico nunca aburre, pues su arte está lleno de detalles y particularidades que llegan incluso a darnos no una, sino varias perspectivas. Y pese a que Leonora formó parte del grupo de surrealistas de su época nunca se dejó doblegar por ellos (que en su mayor parte eran hombres), pues fue precisamente su insumisión la que la llevaría a desarrollarse como una artista que se salió del molde de mujer burguesa y hasta en el mundo del arte. 

Aunque son sus cuadros por los que el nombre de Leonora Carrington nos suena —principalmente en México que fue donde vivió casi toda su vida y desarrolló la mayor parte de su obra— es necesario reconocer que es menos conocido que también fue una muy buena escritora. Dentro de su narrativa hay una novela, obras de teatro, sus memorias y una serie de cuentos interesantísimos, que además están ilustrados por ella, en donde plasma historias en una narrativa proclive al realismo mágico, es ahí donde recrea su universo pictórico retacado de híbridos, delirios y magia nacida del subconsciente; vuelve también a los más fuertes elementos simbólicos de sus cuadros surrealistas: las hienas, los caballos, damas tristes, huevos, frío o nieve y esas metáforas que no son más que su propia vida desarrollándose en lugares extraños y místicos. Su narrativa es tan impredecible que conforme van corriendo las palabras todo se vuelve aún más extraño y sorprendente. La ficción dentro de la prosa de Leonora nunca se detiene, inclusive en su libro Memorias de abajo (1972) donde narra sus viviencias en una europa bélica, la violación tumultuaria que vivió por parte de soldados españoles, su estancia cruel en un psiquiátrico entre otras cosas, la alegoría y saltos fuera de su realidad biográfica siempre se hacen presentes.

Ilustración de Leonora Carrington perteneciente al libro Leche del sueño (2012).

Los animales no solamente son muy comunes en las pinturas de Carrington, pues una artista multifacética nunca rompe los lazos entre una u otra cosa, y en su literatura hay una carga prominente de diálogos y circunstancias mezcladas con humanos y animales que toman aun más expresión dentro de su narrativa. La fantasía y la hiperbolización son elementos principales en un contexto incluso inocente, ese mundo interior, casi infantil, con una herencia cultural inglesa bastante andersiana. Tanto Leonora como Hans Christian Andersen trabajan bastante bien esos entornos cargados de ensueños que se van desarrollando en un escenario natural y con un hálito de ocultismo. Sin embargo los escritos de Leonora Carrington no deben tomarse a ligera, pues son también un puente hacia el análisis y la introspección, sin mencionar que su obra en general es tremendamente filosófica. Es mucho más interesante y completo conocer su obra pictórica y literaria para que, a através de ellas, conozcamos mejor quién fue esa enigmática mujer.

La herencia artística que nos dejó Leonora Carrington es impresionante y, aunque la influencia mexicana no abarcó en su totalidad su obra, sí dejó plasmada su pasión por la cultura maya con el mural “El mundo mágico de los mayas” (1963) que realizó para el Museo de Antropología de la Ciudad de México, entre otros cuadros y algunos cuentos. En su literatura no solamente encontramos ese interés gradual por el ocultismo celta, sino también por el mexicano. Leonora fue una mujer con una imaginación que no cabía en un solo lugar y que no se limitaba a una sola cosa, su arte plástico como literario pertenecen al de una artista completa que jamás dejó de innovar, pero sin salirse de su sello estético tan característico, y siempre, siempre nadando a contra corriente.

(1) Comentario

  1. Avatar

    El arte surrealista siempre será complejo e inherente a la perspectiva personal y profunda, de una mente en fuga y con el franco deseo de alucinar libremente

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