CREADORAS,  Históricas

Hiparquía: la “perra” filósofa, considerada la primera feminista de Occidente.

En la Grecia clásica la mujer tenía muy claros sus roles: esposa, madre y cuidadora del oikos, es decir, del hogar, bienes y familia. Mientras tanto, como lo dice Jenofonte, el hombre se dedicaba a solventar sus gastos y a cuidar de sus seres cercanos. Las mujeres casadas se veían obligadas a permanecer en su casa y a hacerse cargo de ella. Ver por las calles a una esposa ateniense paseándose era inmoral y muy mal visto, pues su papel estaba designado a la oikonomia. Las mujeres no se casaban por amor, era su padre quien seleccionaba el hombre que consideraba un buen esposo, un partido digno, pues el yerno adecuado era aquel que ofreciera una jugosa hedna (dote), o bien, que este estuviera dotado de una excelente reputación que amortiguara la falta de objetos valiosos o tierras. Aunque la monogamia era “obligatoria “, aun así, los hombres gozaban de placeres externos separados del lecho marital, que no eran siempre precisamente heterosexuales. En el caso de las mujeres la infidelidad era penada, no se perdonaba, pues ante todo, estaba de por medio la legitimidad de los infantes. Un marido ofendido tenía no solo el derecho de repudiar y excluir a su compañera de los eventos religiosos, sino también de asesinar al amante o de sacar provecho de las circunstancias y recibir una compensación económica por parte del hombre. En el caso de las mujeres solteras, gozaban de más libertades, iban a eventos públicos sin ser mal vistas, pero incluso así, siempre había un cuidador de por medio. Como fuera, la mujer era un objeto de intercambio, un trofeo. Menciona la historiadora Claude Mossé en el libro La mujer en la Grecia clásica (1993): “ La mujer ateniense ciertamente es una eterna menor, y esta minoría se refuerza con la necesidad que tiene de un tutor, un kyrios, durante toda su vida: primero su padre, después su esposo, y si este muere antes que ella, su hijo, o su pariente más cercano en caso de ausencia de su hijo. La idea de una mujer soltera independiente y administradora de sus propios bienes es inconcebible”.

 Como ya se mencionó, las esposas estaban enteramente destinadas al papel de cuidadoras. En el caso de las cortesanas, existían para dar placer. Las esclavas eran sirvientas, obreras, y carecían de vida familiar. Las mujeres, en general, no podían votar (junto con los esclavos/as y extranjeros), tampoco se les permitía tener propiedades. En términos de educación se les enseñaba a leer, escribir y a hacer cálculos matemáticos para poder llevar correctamente la responsabilidad administrativa del hogar; otra práctica habitual era la de aprender a tejer, todo esto con el fin básico de prepararlas para el matrimonio y volverlas funcionales para ese fin.

Es lógico que dentro de este contexto falocentrista eran pocas las mujeres que se salían del molde, sin embargo hubo una que rompió todos los esquemas establecidos y, gracias a su rebeldía, le fue posible elegir un modo de vida y educación distintos: Hiparquía de Maronea (350-300 a. C.), nacida dentro de una familia acaudalada, rechazó por completo las normas que excluían a las mujeres de espacios públicos, culturales y políticos. Se rehusó a adoptar la oikonomia. Tuvo la oportunidad de educarse de manera más profunda gracias, en parte, a las enseñanzas de su hermano Metrocles, quien fuera discípulo de Teofrasto y Crates —discípulo de Diógenes de Sinope—. Hiparquía se introduce en la escuela cínica, a estos filósofos se les conocía como “perros”, ya que la palabra “cínico” deriva de kynosarge (perro blanco), pues este tipo de filosofía iba inclinada a la crítica, la aversión por los convencionalismo atenienses, leyes y los objetos materiales. El cinismo estaba enfocado en quebrar esa ética establecida y a adoptar una vida más natural y descarada, como la de un perro. 

Hiparquía se enamoró de Crates y pese a las críticas se casó con él, rebelándose en contra de su familia que no lo consideraba un buen partido para ella, pero la joven haciendo caso omiso de las oposiciones llevó a cabo su voluntad. Se habla del enamoramiento de la filósofa en un relato de la sección Doxográfica de Diógenes Laercio, también se menciona cuando se defendió de Teodoro el ateo, quien no solamente rechazó su presencia por ser mujer, sino que también se mofó de ella. Hiparquía no se quedó callada y con calma argumentó que Lo que pudo hacer Teodoro sin reprensión de injusto, lo puede hacer Hiparquía sin reprensión de injusta”. Ante esto, Teodoro la atacó despojándola de sus humildes ropajes, dejando su desnudez al descubierto con el afán de avergonzarla ante los espectadores. Pero ella, filósofa cínica basada en la autarquía no se inmutó. Teodoro sin darse por vencido continuó:

“¿Eres la que dejaste la tela y lanzadera?”

Hiparquía, con una profunda muestra de intelecto le respondió: “Sí soy, Teodoro: ¿te parece, por ventura, que he cuidado poco de mí en dar a las ciencias el tiempo que había de gastar en la tela?”

Mural de Hiparquía y Crates. Museo delle Terme, Roma.

Es claro que con esta anécdota de la filosofía griega se demuestra por qué se le considera la primera feminista del mundo occidental. No solamente se sublevó contra las normas establecidas que la limitaban para desarrollarse más arduamente como mujer autónoma e intelectual, también escogió con quién casarse y pudo permitirse estar con el hombre que amaba, arrastró con sus pies descalzos los roles a los que las mujeres eran sometidas, se deshizo de los bienes que la ataban a tradicionalismos injustos, encaró y se defendió de todo aquel que pusiera en duda su capacidad y, por esa razón, fue una mujer despreciada por vivir bajo sus normas, buscando en ellas el placer de la libertad que en otras circunstancias le hubiera sido negada.

Es una desgracia que ya no se conserven las obras de Hiparquía, sin embargo se sabe que al menos escribió tres libros: Epiqueremas, Cuestiones de Teodoro llamado el ateo e hipótesis filosóficas. También tuvo discípulos que, más adelante, influenciaron el estoicismo.

Hiparquía desafió el machismo y peleó por evolucionar y mantener viva su filosofía de vida que la hizo renunciar a muchas cosas, excepto a ella, y a la fidelidad que le tenía a sus ideas y sentires. Demostró ser una mujer inteligente y fuertemente capaz de alzar la voz y no permitir atropellos por parte de nadie. A pesar de todo lo que ella fue, está desaparecida de los libros de historia y de las anécdotas más comunes de la filosofía y poesía griega. Se desconoce cómo terminaron sus días, pero se sabe quién fue y cómo vivió; solamente hace falta hablar más de ella y de su clara y muy vivaz rebeldía.

Alexandra Corona Hernández

Amante de la literatura, música, cine y arte pictórico. Escritora de diversos artículos para revistas de índole feminista. Publicó el cuento de su autoría “Es que ya se fue”, en la antología “Literatura y afuera”, distribuida por el Centro de estudios filosóficos culturales de la ciudad de Puebla, México, que reúne diversos trabajos de escritores mexicanos, cubanos, colombianos y canadienses. Ha impartido talleres de análisis de literatura clásica y organizado grupos de lectura con la finalidad de promover el amor e interés por las letras. Actualmente se encuentra trabajando en su primera novela que será publicada en los próximos meses.

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