“Es momento de abrazar nuestras propias miserias, permitirlas expresarse y entender su mensaje y enseñanza” Paulina Guerra

Llegamos a esta dimensión con la intención de vivir una experiencia  terrenal.

En esta tercera dimensión nos habita la dualidad: blanco, negro; arriba, abajo; bueno, malo; alto, bajo etc… todo es dual, y desde ese lugar aprendimos con una mirada separatista. El hombre y Dios, el cielo y el infierno, causando un sin número de creencias limitantes y de juicios que a lo largo de nuestra historia han sido enormemente castrantes.

Hay dos caminos por donde elegir vivir nuestra historia, el Amor o el Ego. El Ego como El Gran Oponente del Amor.  Estas dos grandes energías, el amor que comprende  la ternura, la bondad, la generosidad, la  belleza, la solidaridad etc… y  por otro lado el Ego, la maldad, el egoísmo, la ira, los celos la envidia, la avaricia y más…

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Aprendimos a negar, condicionar y juzgar estos sentimientos y emociones de los demás tachándolos como malos, insistiendo en que hay que cambiar  y no sentirlos, pero,  ¿es eso factible? ¿Quién no tiene una historia de odio, ira o repulsión contra algo o alguien? Todos hemos vivido avergonzados en algún momento esas emociones.

Sin embargo para el Universo eres bienvenido/a,  tú y todas tus emociones, porque no existe lo bueno y lo malo, solamente “existe” “es”, la magia está en entender si te aportan y te sientes bien con ellos y de paso te haces responsable.

Renunciar a estas energías malas tiene un grado de necedad  porque simplemente no es factible, no es posible, la experiencia de vivir necesita de ellas tanto como necesita lo que proviene del amor. ¿Para qué negarlas?

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Es momento de abrazar nuestras propias miserias, permitirlas expresarse y entender su mensaje y enseñanza. Invitarlas a pasar y dejar de resistir contra ellas para ver que nos quieren mostrar, revelar su sabiduría, ser un observador diferente, cambiar de perspectiva pero sobre todo entender que si Dios o La Fuente o el Todo, nos hizo a su imagen y semejanza, se refería a la mente, a nuestra mente, al unísono de nuestras mentes con la Divinidad y por ende sentir y discernir lo mejor para nosotros mismos. Ser y Hacer lo que queramos Ser y Hacer.

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